lunes, 29 de mayo de 2023

EL I.T.B.

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Resumen

 Existen creatividades e innovaciones en el plano técnico que tienen su impacto a nivel táctico, que aunque no resultan suficientes para cambiar el resultado de una conflagración, si obligan a repensar el empleo de determinados medios. Ese es el caso de la operación UKA-UKA, donde se decidió desmontar un lanzador de misiles exocet “Mar-Mar 38” improvisando una rústica, aunque efectiva defensa costera que averió seriamente al HMS Glamorgan, un destructor de la Armada Real Británica, provocando un cambio en las condiciones de operación de los buques que se acercaban a las costas 16 Juan Battaleme de las Islas Malvinas. El desarrollo llegó demasiado tarde como para tener un efecto marcado en la guerra. Cabe destacar que en términos de creatividad, los momentos de tensión, crisis y conflicto también pueden ser excelentes catalizadores para el evento “eureka”, lo cual demuestra que la creatividad no se encuentra limitada a determinadas condiciones que se consideran óptimas. Por el contrario, en el mundo militar la creatividad aparece en situaciones que distan de que puedan ser consideradas óptimas.

Palabras claves: Creatividad- innovación tecnológica militar - Guerra de Malvinas - Argentina - Defensa - Armada Argentina.


I.T.B. INSTALACIÓN DE TIRO BERRETA - MALVINAS 1982

En pleno combate por Puerto Argentino, los ingenieros idearon una lanzadera especial para lanzar el último Exocet. La llamaron ITB (Instalación de Tiro Berreta)…

“Porque era feo, improvisado… una berreteada”, cuentan Antonio Shugt y Luis Torelli, quienes lo idearon en sólo tres días, junto con el Capitán de Navío Julio Pérez.

Antonio y Luis tenían 22 y 24 años cuando el Capitán Pérez, su Jefe en la División de Misiles del Arsenal Naval Puerto Belgrano, les encomendó una misión que parecía imposible: lograr disparar un misil Exocet Mar-Mar 38 desde la costa para contrarrestar el bombardeo británico sobre las defensas de Puerto Argentino.


Luis, Antonio y el Capitán Pérez, en 1982.

— Sí, se puede —dijeron ellos.

— ¡Es para ya, eh! —les advirtió el jefe.

Luis llevaba 6 años como civil de la Armada y 3 como técnico electrónico en la División Misiles del Arsenal. Junto con Pérez y Shugt había estado en Francia, donde se fabrican los Exocet, cuando la Argentina los adquirió. Por eso su conocimiento sobre el arma.

Es así que en el más absoluto de los secretos se encerraron a principios de mayo en el Taller a tirar ideas, planos, cables…

“No existía ni en la Armada ni en ningún lado —dice Luis, que explica— el misil sólo no hace nada; necesita una instalación de tiro, que es una serie de equipamientos que le dan la orden al misil para ser lanzado, información de blanco, condición de tiro, situación de vuelo… Había que construir algo así, pero debía ser portátil, móvil, transportable.”

 “El jefe quería diseñar un circuito totalmente nuevo, pero no teníamos tiempo. Así que nos pareció más práctico usar lo que ya existía: la instalación de tiro de un buque, que es un cuarto grande lleno de equipos que tarda un año en instalarse. Se usó la de uno de los destructores viejos. Había que desmontarla y reducir eso”, relata Antonio.

Al tercer día salieron del taller con la idea de hacer algo con los equipos más vitales, y al resto fabricarlos de manera más sencilla.

¡Fue una apuesta! Y dio resultados. Probaron el sistema con un simulador de misil en el destructor “Seguí”. En la cubierta habían armado una carpa para que no los espiaran los satélites enemigos, pero con el sistema y el misil solo no podían hacer nada. Había que pensar la rampa de lanzamiento.

“A alguien se le ocurrió ponerlas arriba de un acoplado. Así que sacaron las rampas del buque y se las puso sobre un carro. La parte electrónica se hizo con un sistema de alimentación de unos antiguos reflectores de arco de la Infantería de Marina que era móvil. Quedó el lanzador y una unidad de control y comando en otra unidad. Todo eso interconectado”, cuenta Luis.

Parte de la batería terrestre de misiles Exocet MM-38 en Puerto Argentino (1982).
Se ve la plataforma inercial con 2 unidades contenedor-lanzador de misiles, pero
faltan los tacos de madera para inmovilizar las ruedas de la plataforma y el grupo
electrógeno con su correspondiente dispositivo electrónico de control de tiro.

Fuente: Terence Laheney

Lo construyeron volando, trabajando todo el taller en dos turnos las 24 horas, de 6 a 19 y de 19 a 6. Los Talleres Generales hicieron la parte mecánica. Y quedó.

Fue todo urgente. A las 4 de la tarde lo probaron y a las 6 ya estaban en la Base Espora subiéndolo a un avión Hércules de la Fuerza Aérea para llevarlo a las islas y usarlo en batalla.

A Malvinas fue el Capitán Pérez. Él iba a operar la ITB con los tenientes de fragata Edgardo Rodríguez y Mario Abadal. Por ser civiles, a Luis y Antonio no los mandaron.

El ITB pudo llegar a las Malvinas el 31 de mayo, después de varios vuelos esquivando los radares británicos.

Cada uno de los dos carromatos pesaba 5.000 kilos. Desplazarlo en Malvinas era muy difícil. Solo se podía por la ruta que iba al Aeropuerto porque en la tundra se hundía.

Habían designado un sitio a 300 metros del mar frente al aeropuerto de Puerto Argentino, al sur del archipiélago. Los componentes estaban dispersos, lejos del lanzador, para evitar ser detectados. Se apostaban alrededor de las 18 cuando oscurecía. Dos horas tardaban en instalar la ITB. Y estaban hasta las 3 o 4 de la mañana en posición. De día la desmontaban para evitar que los vieran los satélites. Durante 12 días montaron y desmontaron todo el equipo, esperando el momento ideal.

Con un radar del Ejército que operaba el oficial retirado Carlos Ríes Centeno, que había viajado como documentalista, se rastreaban los movimientos de los buques. Era un radar antipersonal que operaba con otro tipo de datos y había que convertirlos en información que les sirviera a los sistemas del Exocet. Combinada con la que enviaba otro radar de vigilancia se pudo determinar la derrota por donde pasaban todas las noches los buques ingleses.

Una madrugada, el Capitán Pérez y su gente hicieron el primer lanzamiento, pero el equipo tuvo problemas de conexión y el misil no salió.

“El único componente inglés que tenía la ITB falló: un diodo sin valor. Pero dio la casualidad de que la Artillería Antiaérea de la Infantería de Marina tenía exactamente el mismo que se nos había quemado”, contó el Capitán Pérez.

El segundo día hicieron otro lanzamiento. Esta vez falló por un error humano con los cálculos de los datos de radar.

A la tercera o cuarta noche ya no pasaban los buques ingleses. Nada cerca en los radares.

“Ya era cerca de la madrugada y a uno de los tenientes de fragata se le ocurre hacer algo que solían hacer de guardiamarinas en el terreno y les resultaba: bailar a lo indio alrededor de un árbol para invocar la lluvia. ‘¿Y si hacemos una vuelta?’, dice. Imagínese a dos tenientes y un capitán haciendo eso. Nos llegan a ver…”, dice Pérez.

Pero en un momento dado, Pérez les dice: “Ahora, que no nos ve nadie. Y en el medio de la oscuridad dimos dos vueltas al carromato cantando como los indios. Crease o no, a la media hora nos avisan que había un buque inglés en la zona”.

Aprestaron todo y lanzaron. La tercera fue la vencida. ¡El Exocet dio en el blanco!


Un montaje fotográfico muestra tres componentes esenciales de la ITB en acción.

El Ataque

12 de junio de 1982. La artillería británica abría fuego sobre las posiciones de la defensa en Puerto Argentino y esa misma madrugada, la Argentina disparaba por primera vez en el mundo un misil Exocet desde tierra contra un buque. Ingenio argentino, dos puntal tenses civiles de la Armada lo habían ideado en Puerto Belgrano y ahora estaba en las islas, en el fragor de la batalla.

A las 3.30, el HMS “Glamorgan”, que apoyaba desde el mar la avanzada británica sobre el Monte Dos Hermanas, ya había descargado casi 4 toneladas de explosivos. Los royal marines agradecieron esa ayuda, pero cuando el destructor iba a tomar otra posición entró en el alcance del radar de la ITB.

“Nuestro radar alcanzaba a 30.000 metros nada más —explicó el Capitán Pérez—. Había poco tiempo para introducir los datos y efectuar el tiro. ¡Pudimos!”

Fogonazo en la madrugada seguido por una estela serpenteante y un sonido a turbina que se pierden en la oscuridad del horizonte.

Esa luz brillante que se aproximaba capturó la mirada de todos en el puente de comando del “Glamorgan”. Desde la costa también la vieron.

Eran las 3.36 y en los radares del Glamorgan tardaron nada en darse cuenta de que estaban siendo atacados por un Exocet. No alcanzaron las maniobras para evadirlo y el misil entró por la popa.

“3.37. ¡Boom! El buque se movió como si chocara contra el muelle. Nos quedamos sin luces. Fue un caos”, contó un tripulante del buque inglés.


Los daños provocados por el Exocet argentino dejaron al buque británico fuera de combate.

“El helicóptero en el hangar del buque estalló y la noche se volvió día con llamas de 300 metros que sobrepasaban el mástil del buque”, relató el oficial británico que intentó evadir el misil argentino. El impacto dejó un hueco de 4 metros de diámetro en la cubierta y de metro y medio en la galería inferior. La explosión se vio desde Darwin y Pradera del Ganso. Tardaron 4 horas en apagar los incendios. El “Glamorgan” tuvo 14 víctimas y una veintena de heridos.

La guerra de Malvinas terminó 2 días después, con la rendición argentina. Severamente averiado, tardaron un mes en reparar al “Glamorgan” para poder volver a su país. 4 años después fue desafectado del servicio y vendido a la Armada de Chile. Desafectado en 1998, se hundió en 2005 en el Pacífico cuando lo remolcaban para desguace.


A Modo De Conclusión

Existen numerosas razones por las cuales el momento creativo solo puede ser transformado en una innovación por el productor último del sistema. Más allá de las licencias de desarrollo y los problemas asociados a tecnologías sensibles. La ocasión de la guerra permitió rescatar un concepto y sumarle una capacidad que hasta el momento solo se había pensado para el empleo sobre buques y aviones. Argentina inauguró su forma de guerra costera, concepto tan caro para la discusión militar actual entre las grandes potencias, lo cual obligó a cambiar el perfil del diseño de barcos, la forma de aproximarse a la costa y por sobre todo la industria de producción de misiles, que extrajo conclusiones sobre su desarrollo, que fue rápidamente capitalizado en variantes que hoy se despliegan en el mundo, actualizando el concepto de defensa costera, introduciendo sistemas con capacidades similares en China, Irán, Brasil, los países del Medio Oriente y Asia en general, a los efectos de aumentar el riesgo de operación en zonas costeras. Julio Pérez creó algo distinto, que la Armada no pudo capitalizar, pero que llevó a la empresa “dueña” de la licencia a agregar una línea más a una familia.


FUENTES: 

http://www.aposmalvinas.com.ar/hist003.htm

https://www.infobae.com/sociedad/2019/06/15/malvinas-el-argentino-que-durante-la-guerra-invento-un-arma-berreta-que-dejo-fuera-de-combate-al-poderoso-destructor-glamorgan/

https://gacetamarinera.com.ar/especiales/la-ingeniosa-instalacion-de-tiro-berreta-en-malvinas/

https://www.youtube.com/watch?v=jZEEXBm_fVA




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